No tengo nombre, se me conoce por el modelo Canon Eos 250 y cuando me fabricaron era una de las mejores cámaras fotográficas del mercado.
Un día cualquiera, un chico joven me compró, congeniamos al instante, me trataba como un tesoro y hasta tuvo la paciencia de leer el complicado manual que me acompañaba.
Mi gran estreno llegó con motivo de la exposición de 1992 en Sevilla, ¡qué meses más ajetreados! Pero me gustaba ese ritmo y sobre todo ver las miradas de envidia que nos lanzaban los que se cruzaban con nosotros.
Con el tiempo me encargué de inmortalizar vacaciones, reuniones familiares, fiestas con los amigos… Y yo mostrando orgullosa mi objetivo.
El chico joven dejó de serlo, se casó y como siempre yo fui testigo de sus momentos más importantes. Las primeras Navidades de la nueva familia me llevé la sorpresa más grata de mi vida, abrieron un regalo y ahí estaba él, fue amor a primera vista, sus largas patas, su fuerte soporte, su agilidad para girar… Era el trípode más atractivo que había visto nunca y durante mucho tiempo formamos una buena pareja. Después llegó el tan esperado bebé y allí estábamos mi amado y yo preparados para inmortalizarlo, pero también llegó ella, más nueva, más moderna y con unas cualidades que yo no poseía, grababa y reproducía sin parar, y aunque no podía desplazarme del todo pasé a un segundo plano. No estaba preparada para algo tan cruel como el hecho de tener que compartir a mi trípode, tuve que asimilarlo, era eso o nada. Mi tiempo de esplendor estaba llegando a su fin, me encontraba ante el ocaso de mi existencia.
Igual que había llegado yo, un día cualquiera llegó ella, tan pequeña, tan ligera, tan estética, tan digital. Recuerdo el momento en que metieron mi cuerpo en una caja y me subieron al estante más alto del armario, me dormí recitando aquellos versos: “Del salón en el ángulo oscuro, de su dueño tal vez olvidada…”
Precioso cuento, Conchi. Los objetos tienen el valor que cada uno les queremos dar, pero todos vienen con fecha de caducidad. Un abrazo.
ResponderEliminarGracias Mercedes, es un lujo contar con tu opinión. Besitos.
EliminarBonito, muy bonito cuento, narrado con sencillez y sentido del humor. Una metáfora de nuestro tiempo. Encantado de conocerte.
ResponderEliminarGracias Eduardo, igualmente.
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